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The lost picture 06: Ser o no ser fotógrafo
A menudo hablo con alumnos míos y debatimos sobre la dificultad de elegir bien la carrera universitaria y si son realmente necesarias. Creo que hay carreras que no se deberían estudiar, y seguramente “fotografía” sería una de ellas.
Buscando entre fotos de conciertos me he encontrado con esta, que no la tenía etiquetada con ninguna estrellita que la eleve a la calidad de buena foto, ni de excelente, ni siquiera de foto nostálgica. Simplemente era una foto más de concierto, de las que tengo almacenadas como puro archivo personal. Pero una razón que se llama “centro de interés“, en este caso seguramente por cuestiones cromáticas y formales, me ha llevado a fijarme en ese personaje que está en la esquina inferior derecha. Alguno podría pensar que el chaval está aburrido o que todos los demás están un poco alterados de más con el concierto al que asistimos. Pero hay un pequeño detalle que le delata. La camiseta azul que hace que llame la atención no es sino la camiseta con la portada del último disco del grupo que actúa, lo que demuestra que sí, que efectivamente está ahí por devoción. Pero no quiero hacer un análisis formal de la imagen, lo cual sería aburrido. La cuestión es que el personaje está entusiasmado con esa camarita digital, de las compactas, de las que te sacan casi todas las fotos de conciertos movidas a no ser que dispares un flashazo para intentar competir con los miles de watios de luz que seguramente desbordan el escenario.
El personaje del que os hablo y por lo que me ha llamado la atención la fotografía, no es más que mi amigo Ignasi Arauz, un estudiante de turismo (en el momento en que hice la foto), apasionado por la música, que ha estado luchando por hacerse con mejor material técnico que el que sostiene en sus manos en esta imagen del verano de 2007. Y lo ha conseguido. Poco a poco ha ido ahorrando para comprar un equipo un poco mejor, tampoco excesivo, pero el suficiente para hacer las fotos de la calidad de un profesional. Ignasi no puede ir a más conciertos porque no le llegan las horas, no porque no quiera o no pueda. Podría ser que un sábado le veáis en tres conciertos seguidos en tres puntos distintos de la ciudad. Su pasión es frenética. Solo hay que ver la actividad de su blog: en 2009 añadió 16 entradas, en lo que va de año ya lleva 29.
Soy fan de Ignasi y de sus fotos, porque cada vez que las veo le recuerdo como en la imagen que os estoy mostrando: apasionado, con ilusión por mejorar, por aprender, por conocer a los miembros del grupo, por diseñar la portada de su disco, de hacerles las fotos de promo… Y eso, amigos, es lo importante para mí. La pasión por las pequeñas cosas, independientemente de que hayas estudiado turismo, empresariales, medicina o comunicación. Porque ser fotógrafo no es cuestión de estudios, es cuestión de aprendizaje, de esfuerzo, de ser un cabezota, un luchador, un perfeccionista. Y mi amigo, Ignasi, ya es fotógrafo. Verle, me hace sentir que no estoy solo.
A ritmo de “Lo-li”
Siempre me he sentido apasionado por el mundo de las etiquetas musicales. Soy fan del absurdo en la Rockdelux por poner cosas como “Rock Macabro“, “Pop Sombrío” o “Expresionismo Noise“, pero lo de esta noche me ha tocado el alma…
Estoy en la cafetería de La Casa del libro, tomando un café y una albaceteña (pasta con miel) esperando que lleguen las 20.30 y salir hacia el Auditorio Caixanova para asistir al esperado concierto de Bill Callahan que organiza SinSal. Mientras leo el periódico veo un anuncio del evento y lo reviso por simple curiosidad. Resulta que el periodista especializado en músicas contemporáneas ha decidido etiquetar al señor Smog como el pionero del estilo “lo-li”. Se me ha atragantado la albaceteña. Por favor, señora, deme un golpe en la espalda que mi mujer está mirando libros y voy a morir. “lo-li”!!! Por mi cabeza pasa a toda velocidad al sr. Callahan haciendo una versión de “por la raja de tu falda…” y de “dame veneno que quiero morir, dame veneeeeeeno” con esa voz que le caracteriza. Entiendo, por suerte, que hablamos del “lo-fi“, y entiendo, que la F no está junto a la L en el teclado, por lo que el periodista, una vez más, ha buscado en la wikipedia o no tiene ni idea.
Fotógrafos anónimos que dejan de serlo
Muchas veces pienso en la gente que retrato, ellos se olvidan de mi para siempre, pero quedan en mis recuerdos y pasan a ser de mi familia…
Aquel niño de Madagascar que una mañana me sonrió en Andavadoaka forma parte de mi vida, de mis recuerdos, de mis sueños… es el símbolo de un viaje, de un cambio, de un aprendizaje. Él no lo sabe, ni nunca lo sabrá.
Santi Iglesias, un fotógrafo de Lleida, anónimo para mí, me ha hecho sentir por un momento al otro lado. Yo no le he cambiado la vida, pero a mí me ha hecho pensar que a veces hay gente generosa… un día, sin que yo me diera cuenta, me hizo una fotografía mientras yo hacía la mía durante una noche de conciertos. Un año después me la regaló, pero no a través de un frío mail, no: en un sobre, con una cuidada copia en 18×24… un acto absoluto de generosidad. No recuerdo la noche que me hizo la foto, pero recuerdo perfectamente el día y el lugar en que me regaló esta copia. Hoy la he escaneado para compartirla con vosotros. Gràcies Santi, ara sé que és important compartir aquests moments amb els èssers fotografiats.
Foto: Santi Iglesias¿quién soy?
Dicen que de todas las crisis, si uno sabe aprovecharlas, surgen cambios positivos. Tuve suerte.
Pues resulta que hace tres añitos pasé una pequeña crisis existencial. ¿qué hacía yo en este mundo? ¿cuál era mi misión? ¿para qué servía el audiovisual? ¿quién era yo? Uno, si está solo, puede acabar chalado, pero por suerte, los buenos amigos y los amores siempre te ayudan a recordar quién eres, y a decirte que no eres tan mal realizador como crees, que eres buen amante…
De entre todas las personas que me ayudaron a superar mi “crisis de los 30″ mi amigo Pepo, del que ya os he hablado, un día, vino a mi casa y me dejó una nota en un papel, para que no me olvidara de quién era, y gracias a él, sigo siendo yo, y no otro… o eso creo!
El tiempo y el ‘yo’
“el tiempo es una condición vinculada a la existencia de nuestro ‘yo’” (andrei tarkovski)
¿Qué és el tiempo? anoche, leía la página 77 de “Esculpir en el tiempo” e intentaba comprender las densas reflexiones que el director de cine ruso hace sobre el tiempo. Sigue… “el tiempo es imprescindible para el hombre, para constituirse como tal, para realizarse como individuo”. Hoy me he despertado y he llevado al pequeño Nanook al comedor, junto a la chimenea recién encendida, mientras mi café humeaba y mis tostadas con mantequilla casera de kiwi esperaban el primer bocado. El pequeño y yo nos hemos mirado y nos hemos reído, como cada mañana. Solo tiene cuatro meses, recién cumplidos y ya me parece que llevamos juntos toda la vida. Pero cuando sea mayor, Nanook no se acordará de nada de lo que estamos viviendo ahora, y me he sentido un poco triste. No recordará nuestras risas cómplices; no recordará el olor a leña húmeda ardiendo mientras fuera hace un frío de mil demonios; no recordará la textura de mi chaqueta cuando le abrazo; no recordará la mano de su mamá en los ratos de siestas del cordero… Ahora el pequeño vive en un mundo irreal, de absoluta felicidad, porque el tiempo, su tiempo no existe, no pasa, ni se congela, no se detiene, ni avanza… Nanook es feliz, y yo mientras le observo. El café está frío, pero no me importa. Le quiero.
Soy Gilipollas, pero no idiota…
Sí. Soy gilipollas porque nací así y porque soy un nefasto negociador, pero voy aprendiendo. Dadme tiempo y conseguiré que las cosas cuesten lo que tienen que costar.
Hace dos años en Como, Italia, me compré un pan aparentemente riquísimo en un mercado tradicional. Era de nueces con cereales y del tamaño de media barra de cuarto. Pensé que para cenar Raquel y yo era suficiente. Lo pedí. Fui a pagar. La mujer me dijo el precio, “6′5 euros”. Abrí el monedero y apareció Raquel que estaba despistada mirando tarros de mermelada. Me dijo”¿cuánto cuesta?” le dije “6′5 euros“. Yo era consciente de que el precio era desorbitado, pero ni me había planteado devolverlo porque la señora ya me lo había envuelto y además iba disfrazada de medieval y me parecía hacerle un feo. Lógicamente Raquel me salvó de la situación diciendo un “grachie, el mio marito es gilipollas, no quiere el panini”. No dijo esto, en verdad, pero lo pensó, estoy seguro, y no me lo quiere confesar. La cuestión es que me cogió de la mano y me sacó de ahí.
De esa experiencia, absurda, estaréis pensando, saqué muchas conclusiones. La primera es que no estamos obligados a pagar precios descaradamente desproporcionados por el simple hecho de haber pedido un producto. La segunda, conclusión no os la digo porque es personal. Y la tercera es que soy gilipollas.
Hoy, dos años más tarde, he decidido comprarme una porción de coca con piñones en una pastelería del barrio de Sants, antes de llegar al aeropuerto, desde donde os escribo. He pensado que me saldría mucho más barato comprar allí la merienda y tomarla en la puerta de embarque que pagar un dineral por un donuts en una cafetería Ars. Pues tampoco he acertado, y hoy no estaba mi señora para defenderme, pero me he hecho el valiente y he salido victorioso.
- ¿Senyora, voldria aquesta coca…? per emportar…
- Sí, maco… (la pesa, y sin pensárselo dos veces me suelta)… 6 amb 75.
- (no he tardado ni una porción de segundo) Ui, no, senyora, això no val 6 amb 75… (he empezado a buscar argumentos para defender mi postura por si entrábamos en una discusión o incluso llegábamos a las manos…)
- Vinga, dona’m 2 euros, maco.
Y he salido de la pastelería sin heridas, sin rasguños, sin haber discutido con nadie, y habiéndome ahorrado casi 4 euros en un trozo de coca de piñones! No, no y tres veces no. Nos toman el pelo, señores y señoras, y no nos quejamos. No puedo creer que bajar un porcentaje que en Marruecos me hubiera costado 4 tés y una tarde entera haya sido tan fácil con la señora María. Las Rebajas, he pensado… no, más simple. Si cuela, cuela, y otro gilipollas pagará el precio de una hora de trabajo de un español medio por la mitad de coca que he dejado allí.
Creo que algo está pasando… y tengo miedo.
Esculpiendo en el tiempo
La reina de mi casa ha sido generosa, original y acertada… como casi siempre.
Hoy día 6 de enero, es mi cumpleaños, desde hace 33 años; el día de los Reyes Magos, desde siglos atrás, y el día en que hace un añito justo que encargamos a los de Oriente un bebé. Creo que es día de celebraciones. De entre todos los regalos recibidos os contaré que uno de los que más me ha sorprendido ha sido un libro, “Esculpir en el tiempo”, de mi director de cine favorito, Andrei Tarkovski.
El libro lo acabo de empezar, así que no os puedo contar más que son reflexiones del genio ruso, escritas durante varios años. Al principio de todo comenta algunas cartas recibidas por los espectadores de sus películas, y una de ellas me ha encantado, tanto que la he leído tres veces. Y me ha gustado porque volviendo de un viaje con Raquel, hablamos de lo mismo, de la posibilidad de que dos personas estén conectadas para siempre por algo tan simple como una película de Tarkovski, una canción de Nick Drake, o un texto de Sam Bean. Os la cito a continuación.
“Muchas gracias por su El Espejo. Así, exactamente así, fue mi niñez… Pero ¿cómo se ha enterado usted? Un viento idéntico hubo entonces, y una tormenta similar… “Galka, echa al gato” -me grita la abuela… Oscuridad en la habitación… Y también se apagó la lámpara de petróleo, y el alma estaba invadida por la espera de la madre… ¡Qué bien se muestra en su película el despertar de la conciencia del niño! Dios mío, ¡qué verdadero es todo eso!… Realmente no conocemos el rostro de nuestra madre. ¡Y qué sencillo, qué natural! Sabe, cuando en aquella sala oscura miré aquel pedazo de pantalla iluminado por su talento, por primera vez en la vida sentí que no estaba sola”Libros que cambian de dueño

Una de las cosas que más rabia da en este mundo es ir a coger un libro de tu estantería y descubrir que lo has prestado. Pero ¿a quién?
Pueden pasar meses sin que recuerdes en qué momento el Sonic Graphics que te costó 50 euros ha dejado de estar junto a tus favoritos, o cuando el Types in Motion ha decidido cambiar de dueño. Puede ser horrible querer repasar algún capítulo de El Principito y no tenerlo a mano. Y como siempre, por desgracia, Internet no puede cubrir el vacío que deja un libro. O ¿creéis que un PDF cutre descargado de alguna página de Internet con una versión de la obra de Saint-Exupéry es lo mismo que tener ese tesorito entre las manos?
Pues resulta que hace tiempo, tanto como tres añitos, que andaba yo preguntándome dónde debía estar el Inside Houses, de la editorial Könemann, que tanto me gustaba hojear. Es un libro alargado, de tapa dura, con decenas de fotos de casas en entornos rurales de Europa. El fotógrafo Martin Rosswog dedicó 20 años de su vida en inmortalizar interiores de viviendas con un encanto único. Además, el libro, no me costó más de 8 euros, pero le tenía un cariño especial.
Hace poco, hablando con una amiga, exalumna, y excolaboradora de dzero, me dijo que si algún día quedábamos para tomar un café de paso me devolvía mi libro. ¿Qué libro? Cuando me dijo que era el Inside Houses deseé volverlo a tener en casa, junto a los demás… no, no, junto a los demás no, a partir de ese día decidí que este libro presidiría la mesa del comedor apoyado en un pequeño atril y abierto por una página aleatoria…
Y aquí os lo presento, en un lugar donde recibe la luz matutina que entra por la ventana, como si de una planta con vida se tratara… porque los libros tienen vida, y a veces, deciden cambiar de dueño.
Soy fan de Laura Dekker
(Antes de nada, si no sabéis de que va el tema, buscad en los periódicos de estas semanas)
Vamos a partir de dos hipótesis antes de que nadie se me eche al cuello. La hipótesis primera y podríamos decir “negativa” sería la que dice que el padre de la niña es un capullo oportunista que quiere aprovecharse de su hija para forrarse. Si este fuera el caso, pasaríamos página y ni siquiera me habría molestado en crear un post.
Mi hipótesis, digamos, la romántica, es la de que una joven adolescente de 13 años, que tiene agua de mar corriendo por sus venas y que ha pasado más tiempo de su vida navegando que montando en bicicleta desea dar la vuelta al mundo en velero. Literalmente, la niña nació en un barco. Resulta que las cortes de su país, Holanda, un país que yo creía tan abierto como para tener prostitutas en escaparates como si fueran las rebajas de febrero, casi le quita la custodia al padre por permitir que la niña hiciese una locura: cumplir su sueño.
Yo que estoy constantemente preocupado por los jóvenes de hoy en día, encerrados en sus habitaciones mirando el facebook, chats, o jugando a la Play, de repente doy con una joven con las ideas claras, con objetivos, con sueños que cumplir, sobre todo con sueños, y llegan unos señores con toga y deciden que es demasiado joven para cumplirlos, y literalmente dicen: “el viaje podría dañar su salud y su desarrollo mental”. ¿Como? Me estáis diciendo que las leyes de vuestro país son tan happies que la chavala puede entrar en un coffe shop como yo entro en una fleca, meterse una seta alucinógena como yo me enchufo unos churros con chocolate, y ¿no la dejáis viajar porque le puede dañar la salud? Ah, claro, será que mirar la televisión 10 horas al día no hace daño; o que practicar deporte de riesgo con el mando de la wii en la mano no frena el desarrollo mental y físico…
¿Qué es la libertad? Si esa niña pertenece al mar! Ahora, la pobre tiene una depre de caballo, está encerrada en su casa, va a empezar a beber alcohol, se va a pasar 15 horas mirando la tv, va a sustituir los Corn Flakes por la marihuana para desayunar, va a dejar de estudiar y al carajo con sus sueños. A nadie le importará que Laura quisiese recorrer el mar, quisiese ser valiente como Juana Maria de los Dolores de León, Mary Livingstone, como su compatriota Alexine Tinne o como Naomi James, el problema es que Laura fue demasiado madura y tan solo tenía 14 años.
Esta noticia, me ha hecho recordar que un día yo también fui marinerito, a bordo del “Triana”, pero a diferencia de Laura, a los 14 años, yo empecé a decir a mi padre que no quería acompañarle en sus singladuras. Eran tiempos de ir con la Vespino, pasear con chicas, pasar horas en la Plaza del Cano comiendo pipas, aunque si hubiera decidido ir a dar la vuelta al mundo tampoco creo que hubiese pasado nada malo.
En la foto me tenéis a mi, en el año 83, capitaneando el Triana por el Mediterráneo…Bicicletas estáticas para bebés…
Este post no tiene que ver del todo con el anterior en el que hablaba de “esfuerzo y creatividad” pero en el fondo el problema del que habla es el mismo. Lo voy a decir claro pero suavecito… estamos creando unas nuevas generaciones de gilipollas. A quién se le ocurre fabricar una bici estática para niños, y lo que más me preocupa, a quién se le ocurre comprar un cacharro de estos para su querido hijo, ese niño al que le ha prometido tantas cosas mientras estaba en la barriga de su madre. Claro, el niño ha venido al mundo ahora y no para de decir que se aburre en casa. Y el padre, comprensivo, le saca la bici al jardín, le programa el nivel 3 al chaval y “ala, chavalote, que serás famoso como Indurain”.
El invento en cuestión lo descubrí en una tienda de Vigo y me ha hecho recordar mi infancia en l’Hospitalet de l’Infant, y mis primeras pedaleadas cuando todavía le daba al biberón (ver foto adjunta); las tardes sobre ruedas haciendo de “bicivoladores” a las 12, y las excursiones de 50km a los 14 años con mi amigo David…
Si algún día venís a mi casa y veis a mi hijo subido en un trasto de estos, dejad de hablarme.

¿Qué es la libertad si no se es feliz?
Hoy, caminando por estos acantilados que ya pisamos hace tres años, Raquel me ha preguntado si sentía que se me había acabado aquella libertad. He pensado sobre el tema, y he intentado sentirme como me sentía hace tres años. Me he dado cuenta inmediatamente que no se me ha acabado la libertad, porque era libre, pero no era feliz, y la libertad en sí misma no creo que sea nada, la libertad simplemente nos debería conducir a la felicidad, y ahora, con Nanook, con Raquel, con Coque, con este viento que me azota la cara, me siento libre, y feliz, porque me podrían atar con cadenas en casa, junto a ellos, y me sentiría libre.

Cacao de la Gomera…
Hoy, en casa de la suegra me he preparado un buen tazón de chocolate caliente con roscón. El cacao, del puro, del que ya no se ve normalmente, del auténtico, de ese que cuesta disolver… así que he puesto el doble de lo habitual, como buen goloso que soy y he rebañado hasta la última partícula de polvo.
Quince horas después, Raquel ha preguntado a su madre por el origen de tan buen cacao, y la respuesta ha sido fulminante “eso no es cacao hija, eso es tierra volcánica de la Isla de la Gomera”. Yo, que lo he oído de fondo he sentido un mar de lava corriendo por mis tripas, he notado la erupción en mi cuerpo y he podido ver cientos de especies microscópicas endémicas de las Canarias haciendo la digestión junto al marisco de anoche.
Y es que hay que andarse con cuidado en las casas ajenas a la hora de la merienda, sobre todo si uno es valiente y goloso a la vez.

Todas las escaleras llevan al cielo… o a ti
En Redu, mientras rebuscaba entre revistas antiguas en una vieja librería, Raquel descansaba hojeando un libro infantil. Desde lo alto, me he dado cuenta de que todos los caminos llevan a ella, y eso me ha hecho más feliz que ayer…

Llamadme Félix
Sabía que observar la fauna es mucho más difícil que la flora y que conseguir una buena instantánea de un bicho es tarea de gente paciente, algo que no me caracteriza. Aún así lo he intentado y en un bosque de Wallonie en Bélgica, he pasado horas sentado en una cabina de observación donde me prometían ciervos, jabalíes, aves de todo tipo y, con un poco de suerte, algún reno. Pero no, allí solo he visto una abeja que casi me pica y tres despistados más que se han acercado a “observar”. De la dificultad del avistamiento he empezado a sospechar cuando los que parecían más expertos llevaban sus termos con bebida, su comidita y todo tipo de artilugios para pasar horas allí metidos. Entonces he entendido por qué nuestro amigo Félix preparaba “trampas” para poder rodar algunas de las famosas secuencias que tanto nos sorprendían de pequeños. Me voy de ahí recordando al águila pillando una cabra al vuelo y pensando que me debería dedicar a otra cosa…
La foto que os dejo es todo lo que he podido ver durante mis horas de naturalista observador de nivel 0.

Curso acabado…
Hoy doy por cerrado este curso 2008-2009, un curso largo, en el sentido cronológico y en el sentido espacial… he tenido que recorrer unos 35.000km en total para estar todas las semanas en Catalunya haciendo mi trabajo docente en varias universidades.
En este, mi noveno año académico he experimentado cambios, muchos cambios, y no solamente porque me haya casado, vaya a ser padre y viva definitivamente en Galicia, sobre todo he notado cambios porque he sentido que me hago mayor, que mis alumnos ya no han nacido en los 70 como yo, o en los 80… algunos de los chicos nacieron el verano que yo me fui a Irlanda a pasar un mes entero a aprender inglés; el verano en que me pasé largas horas en el chiringuito de mi hermano comiendo helados de chocolate; el verano Olímpico; el de la Expo…
A mis alumnos ya no les puedo hablar de los videoclips de REM, o de la cabecera del “Un, dos, tres” como una cosa normal, como el imaginario que forme parte de sus vidas, porque a ellos el “Losing my religion” les suena a “all time greatest hit” y la calabaza de Chicho Ibáñez está más cerca del NODO que de House o Lost. Ups! El tren llega al aeropuerto. Voy corriendo a pillar mi último vuelo… esto eran divagaciones.
La escuela de mi abuelo
La foto no es muy buena, pero no pensaba que iba a encontrarme algo así una tarde cualquiera. Raquel y yo hemos venido a Cuntis a contar cuentos a los niños de la Biblioteca Municipal y había una exposición montada sobre las escuelas de nuestros abuelos. Se me pusieron los pelos de punta con el set del maestro y con los libros que tuve la oportunidad de hojear.
Tremendo poder el del facebook…
Es realmente tremendo el poder del Facebook, tanto que la mitad de la blogosfera está trastocada. Todos los que estamos sedientos de contar cosas, sentimos tal desahogo con el inventito, que nos olvidamos que tenemos otras obligaciones: blogs, flickrs y demás criaturas cybernéticas. Igual de absurdas casi todas, por cierto.
Así que sin darme cuenta ha pasado un mes sin compartir nada con los 4 que os pasáis por aquí. Pero claro, es que tiro una foto cutre con el iphone y la subo al facebook, y a los 5 minutos ya se ha enterado todo el mundo! y lo mejor de todo es que mis amigos, conocidos, agregados y desconocidos siempre tienen algo que comentar, aunque sea la frase del año: “qué bueno esto del facebook, no? cuánto tiempo!” y ala, 5 años más sin saber de aquel compañero de EGB, ni del portero del equipo de balonmano, o la princesa de la obra de teatro en el Instituto.
Mañana iré a los Enderrock, toca Manel, el descubrimiento del año! a ver qué tal suenan en directo, que el disco es fantástico, pero ya se sabe… la tecnología hace milagros. Espero hacer fotos, y espero, sobretodo estar con ánimos para compartirlas. Así que ya sabéis, si no estoy por aquí, estoy en casa del vecino.
Y qué mejor para ilustrar este texto, que unas fotos tomadas hoy en el vuelo bcn-vigo…
La importancia de un tomate
¿de dónde soy?
“I read the news today, oh boy, about a lucky man who made the grade…”
Bajo del avión, el enésimo avión de este mes y deseo llegar a cualquier cafetería de plástico para tomarme un café de 3 euros y un donuts de 2,05. Me quedan 2 horas por delante hasta que salga el vuelo a Mallorca y acabo de llegar de Galicia.
Necesito sentarme, reconciliar mi culo en un asiento y sentir durante 2 horitas que soy de algún lugar, aunque sea Barcelona. Mi felicidad se choca de morros con unas colas interminables en todos los mostradores, hoy empieza el puente del día del trabajo y la gente pasea tablas de surf, pamelas, corbatas y guitarras por el aeropuerto. Destinos como Praga, Dubrovnik u Oporto son los favoritos a las 9 de la mañana. La cola del Pan’s está a tope, y sus mesitas también, así que simpáticamente pido a dos jóvenes argentinas si me puedo sentar en su mesa, prometo estar en silencio y no meterme en conversaciones ajenas. Me encanta hacerlo!
Una tortura para el día de hoy! busco aislamiento en el Ipod… Música, Artistas, The Beatles, Sgt. Pepper, A Day in a life… “I Heard the news today oh boy…” (mientras escribo esto se acaba de sentar un señor turco en mi mesa, recién abandonada por las jóvenes argentinas. Toma café mientras lo mira y remira. No es café turco, claro, es del Pan’s y cuesta 3 euros señor)
La conversación de telenovela se queda en mi cabeza mientras John y Paul dicen que el ejército inglés ha ganado la batalla. Mientras, intento reconstruir lo que he hecho este mes y me mareo antes del subidón orquestal final: Vigo-Barcelona-Vigo-Barcelona-Vigo-Lugo-Vigo-Cáceres-Sevilla-Ceuta-Fez-Argelia-Marrakech-Ceuta-Conil de la Frontera-Cáceres-Madrid-Barcelona-Madrid-La Palma (Canarias)-Madrid-Barcelona-Tarragona-Barcelona-Madrid-Galicia-Barcelona… y ahora Mallorca… “A day in a life”….



























